Hoy 9 de enero de 2026, el arte llora a una de sus voces más lúcidas. Colombia despide a una de las grandes maestras del arte contemporáneo, mientras los santandereanos en silencio le decimos adiós a una de la más grandes artistas que ha visto nacer Bucaramanga; una mujer que revolucionó la forma en como se retrata y se hace arte la realidad.
Beatriz González pintó la cronología del país en diferentes formatos. Sus obras serán para siempre una radiografía de lo que somos, de lo que vemos, de cómo vivimos.
Beatriz González nació en Bucaramanga en 1932 y desde entonces tejió una de las trayectorias más profundas y singulares del arte latinoamericano. Pintora, grabadora, escultora, historiadora y crítica, su obra se convirtió en un archivo vivo y sensible donde habitan la violencia política, la cultura popular, los rituales de lo cotidiano y los símbolos del poder, mirados siempre con lucidez, ironía y una profunda humanidad.
“Su perspectiva única de la cultura popular y la política en Colombia dio lugar a la configuración de una voz artística que ha resonado a través, y más allá, del mundo del arte”, escribió la Bienal Bogotá, al reflexionar sobre el legado artístico de González.
Su carrera artística transcurrió entre la pintura, el grabado, la escultura y la curaduría, siempre con una estética que desafiaba los cánones tradicionales. Fue pionera en el Pop Art latinoamericano, llevando a objetos cotidianos —muebles, cortinas, bandejas, láminas— la fuerza de imágenes populares y noticias de prensa para transformarlas en un espejo que nos confronta.
Enredarte le hizo un homenaje que nunca olvidaremos
En la Revista Enredarte quisimos honrar su mirada única sobre la cultura y el arte, y por eso una de sus piezas más significativas, Encajera dinámica, fue portada de nuestra edición especial dedicada a las Mujeres en el Arte. Esa portada no fue solo una imagen: fue un reconocimiento a su capacidad para dialogar con la historia del arte universal y, al mismo tiempo, proponer una visión profundamente colombiana y contemporánea. Ese gesto editorial permanece como testimonio de su influencia en generaciones de creadoras y creadores.
Un legado para el futuro
Beatriz González deja un legado que seguirá inspirando a quienes creen en el arte como una herramienta de reflexión, memoria y transformación. Su partida nos invita a contemplar el poder de la imagen como documento del dolor, testimonio de resistencia y celebración de la vida cotidiana.
Hoy, más que rendirle un adiós, queremos agradecerle por enseñarnos a mirar con honestidad, valentía y cariño por nuestra historia compartida.
Descanse en paz maestra y gracias por tanto.
